8 de mayo de 2012

El chándal y el bombín



No entiendo mucho de 'baby-booms' ni de Generación 'X', 'Y' o 'Z', sólo sé que hay gente joven que únicamente conoce un Athletic campeón por los nostálgicos programas que suelen dar en ETB coincidiendo con el 15º-20º-25º aniversario de los títulos de los equipos vascos a principios-mediados de los 80; o por las fotos en blanco y negro colgadas en los pasillos del viejo San Mamés, imágenes de poderosos cabezazos en suspensión de jugadores con los pantalones por la mitad del muslo que, según decía debajo un letrerito, habían supuesto ligas hacía décadas. La verdad es que hemos cambiado mucho: lejos de aquellos 'años de plomo' todo indica que estamos ante el fin de ETA, la heroína ya no representa tamaña amenaza social en Euskadi, el mundo universitario se ha vuelto más apolítico y menos reivindicativo, la sociedad más individualista... Aunque también hay similitudes, como que hoy muchos jóvenes lo tienen realmente jodido con tanta competitividad, tanto recorte de derechos y despido libre; igual que aquellos que perdieron la oportunidad de tener un trabajo seguro por la reconversión industrial.

Todo eso sucedía unos diez años antes de que pudieran ver a Manolo Alfaro celebrando algunos de sus goles mostrando camisetas contra la ley Bosman. En todo este tiempo, el Athletic ha mantenido su filosofía de jugar con gente de la casa, a pesar de saber que tener un mercado tan reducido supone una notable merma de competitividad. Algunos incluso pensaron que el equipo no volvería a pelear por otro título que no fuera el Trofeo Colombino, pero la realidad es que los de San Mamés han llegado a dos finales en un curso que prometía ser duro, difícil, de transición, con la afición dividida entre el pasado inmediato y el presente. Sin duda obviaban la calidad del bloque ya existente, sazonada con incorporaciones como la de Ander Herrera y el notable progreso de jugadores que hasta ahora no habían explotado. Y también, cómo no, la  llegada al banquillo de un estudioso del fútbol hasta la obsesión como Marcelo Bielsa ha mejorado la preparación del grupo y (no menos importante) elevado el nivel de autoexigencia de este equipo.

Este 'salto de calidad', que dicen, ha ilusionado aún más a una afición que pase lo que pase recordará numerosas fechas de la actual temporada, viniendo a sustituir en el imaginativo colectivo momentos como el año de la Champions, la segunda temporada de Valverde o la final de Copa de hace tres años con Caparrós, que hasta ahora se tomaban como referencia. Sin caer en la 'bilbainada' de pensar que somos los únicos en sentir los colores, no hay duda de que los incondicionales del Athletic merecen un título, más incluso que los jugadores (que no es poco decir), porque han dignificado no sólo a este club, sino a este deporte, hasta límites difícilmente igualables en otros lugares: 35.000 personas viendo un partido de liga de fútbol femenino, 15.000 personas en San Mamés viendo a los juveniles eliminar al Barcelona hace tres años para clasificarse para la final de Copa, 8.000 desplazados a Manchester este año en octavos de una competición europea...

Para concluir, dicen que una de las propiedades del agua es que tiene memoria. Si es así, espero que adultos y personas ya entradas en años puedan volver a ver reflejados en la depurada ría de Bilbao tiempos en los que 'Piru' Gainza citaba a Franco para la entrega del trofeo de Copa al año siguiente, o historias varias que nos han contado todos estos años de escasez de finales, historias sobre noches en vela con otros 8 ó 10 en algún piso de Madrid intentando dormir sobre colchonetas, sobre idas y vueltas directamente a trabajar de empalmada. Y también para que muchos puedan verlo por primera vez, entre ellas aquel niño al que le gustaba tanto este deporte que cuando le mandaban dibujar el otoño en el parvulario, pintaba un campo de fútbol con apenas un par de árboles desnudos detrás en un rincón, todo ello eclipsado por una leyenda pintada en letras mayúsculas con toda la ilusión y la inocencia de los lápices de cera, una leyenda lejana de los tiempos de aquel entrañable 'míster' inglés del bombín: "ATHLETIC 12 - BARCELONA 1".